
Creo que he de ser justo, no debo permitir que cunda la alarma injustificada, siquiera retrospectiva, vertiendo infundios o insidias sobre una pareja, por lo demás, de lo más simpática, como es (fue) la formada por Enrique y/o Ana.
En un post anterior, concretamente el número 66 (dos tercios de la Bestia), glosaba de la siguiente errónea manera un fragmento de la letra de la canción "Cállate, niña", incluida en la cara B del album entitulado "Canciones para los pequeños":
Yo quería a tu mamá. Y también a tu papá.Es mejor que sea así.Calla, niña, no llores más.
Muchos, probablemente, pensaron: "la letra no era así, yo me acuerdo, sí, sí". Otros, posiblemente se dijeron: "esta letra es incongruente, no hay concierto directo entre las primeras frases y las siguientes, algo debe de ir mal". Bien, a los primeros he de decirles que están en lo cierto, sí, sí. En cuanto a los segundos, es verdad que la cita no es correcta, pero es de justicia decir que tales reparos bien calzan en la realidad de otras canciones sin por ello ser muestra de mala memoria, sino de escaso talento compositor. Pero sigamos...
Si bien es cierto que en un momento de la tonada se hace referencia directa a la mamá y al papá de Ana, que por lo visto murieron en similares circunstancias aunque no a la vez, los versos completos rezaban, en realidad, lo siguiente:
Yo quería a tu mamá. Y también a tu papá.Rezaré sólo por ti..Calla, niña, no llores más.
Mamá
duerme. Papá ya
dormía. Pero yo rezaré
sólo por ti. A tu papá y a tu mamá que les vayan dando por el culo. Y tú, en cualquier caso, cállate.
¿Entonces, amable lector, significa esto que mi memoria es flaca o mi mala fe manifiesta? Antes de desvelar la respuesta a este enigma, es conveniente aclarar que no es tal, pues ambas proposiciones no son en absoluto excluyentes y a menudo conviven con armonía en la práctica, como demuestra, por ejemplo, el habitual ejerecicio obediente de pretendidos guionistas cinematográficos oficiales y aun oficiosos.
Mi memoria, es cierto, erró unos centímetros el tiro, pero no falló por completo, pues no inventó nada, sólo amalgamó fragmentos de memoria en una composición sincrética y, por qué no, involuntariamente creativa. La estrofa en que ajusta con virtud el verso que originó el sexagésimo sexto post anteriormente referido (
"es mejor que sea así"), se veía acompañada de las siguientes líneas, hermanas en la asonancia:
Nunca sabrás cuánto sufrió,ahora ya duerme sin fin.Es mejor que sea así,cállate, niña, no llores más."Ahora ya duerme sin fin sería", en principio, una formulación deprimente y triste hasta el desconsuelo, pero no en este caso: tras un verso como
"nunca sabrás cuánto sufrió", la idea de un sueño eterno debe antojársenos como deseable y procuradora de, cuando menos, alivio.
Nunca sabrás cuánto sufrió. Nunca - sabrás - cuánto - sufrió. ¡Nunca sabrás cuánto sufrió! Tu mamá chillaba de dolor, Ana, pedía que la matáramos, apenas la entendíamos, tal era el efecto de la sangre encharcada en sus pulmones, pero el modo en que gritaba y se retorcía profiriendo lo que no podían ser sino blasfemias, Ana, sólo confirmaban nuestras primeras interpretaciones.
Quede así constancia de mi arrepentimiento al presentar a la encantadora pareja de
Enrique o Ana como crueles proselitistas del suicidio colectivo. En realidad, sólo eran pofesionales entregados con ejemplar dedicación al ejercicio legal de la torura infantil. Sin necesidad de tocarlos, hollaban con tal eficacia sus mentes maleables, que su (nuestra) reparación es ahora tan quimérica como inabordable.
Afortunadamente.